viernes, 22 de octubre de 2010



OTRO GOLPE AL ESTADO
Honduras, una historia de subordinación

Por Tamara Cordera

 
La independencia de los países latinoamericanos se presenta como un ideal perseguido por muchos a lo largo de la historia, pero, pese a los intentos que se realizaron y realizan parece aún muy lejana. La lucha por la democracia ha sido interrumpida una vez más por el fantasma del golpe de Estado, en pleno siglo XXI.

El 28 de junio de 2009 fuimos testigos de otro hecho lamentable, de los muchos que plagan la historia de América, el golpe de Estado que derrocó al presidente hondureño Manuel “Mel” Zelaya. Este acontecimiento desconcertó a la población, ajena a etapas de oscuridad dictatorial desde la década de los 80. Roberto Micheletti, integrante del Partido Liberal de Honduras –al igual que Zelaya- asumió como primer mandatario del gobierno de facto, encontrando el repudio de la comunidad internacional y de gran parte de los habitantes de Honduras.
“Mel”, se había convertido en un personaje controvertido en su país. Durante su mandato, llevó a cabo una serie de acciones, como la creación de empleos dignos, la reducción de impuestos al consumo, la negación de licencias mineras a trasnacionales y la polémica adhesión al ALBA en 2008. Esta última medida, fue la más repudiada por la oligarquía local, que consideraba una “amenaza” la alianza entre Zelaya y Hugo Chávez. Todas estas acciones tendieron a acercarlo cada vez más a los sectores populares.
La acción final que terminó con el derrocamiento de Zelaya fue la promoción a una encuesta popular en la que se buscaba conocer la opinión de la población con respecto a la realización de una asamblea constituyente. El objetivo de esto era realizar una reforma constitucional para promover una democracia participativa. La oposición sostuvo que el propósito real de Zelaya era instalar la reelección para poder perpetuarse en el poder.
Sabemos que un golpe no se lleva a cabo de la noche a la mañana, sin que existan alianzas y colaboraciones poderosas de por medio. No existen golpistas solitarios, y el caso de Honduras no es la excepción.
En la historia de dicho país, los regímenes civiles y el poder militar siempre han convivido, y este último ha actuado como asegurador de los intereses económicos de la oligarquía –aliada incondicional de Estados Unidos- ante cualquier posible amenaza al libre mercado. El costo que han pagado los hondureños son años de subordinación política, abuso de los derechos humanos y aniquilamiento del pueblo.
El derrocamiento de Zelaya fue un trabajo conjunto del poder mediático, militar, eclesiástico y jurídico. Mel cargaba con esta oposición desde antes de asumir. Además de estas trabas, el ex presidente tuvo que luchar contra serias limitaciones: la ineficacia productiva de su país, la pobreza, la incompetencia del Estado, la violencia. Todo esto acentuado por una dependencia abismal de Estados Unidos en materia económica, política y cultural.  
Esta subordinación es antigua. Honduras ha contado con el penoso destino de ser un país invadido por multinacionales. Sólo hace falta recordar el nombre con el que se hizo conocida mundialmente: “la República Bananera”. Esta denominación proviene de la relación comercial entre Honduras y EE.UU., que comenzó hacia 1860 con la exportación de bananos al Imperio. La producción campesina independiente fue haciéndose cada vez menor hasta que, en 1894 el mercado estaba controlado solamente por tres empresas: la United Fruit Company, la Vaccaro Brothers (luego Standard Fruit) y la Cuyamel Fruit Company. Tres empresas de capital norteamericano controlaron el rumbo económico del país.
Con conciencia de los problemas que azotaban a su nación fue que Zelaya trató de generar políticas económicas independientes del Imperio y las oligarquías, y lo que consiguió fue la destitución ilegítima de su cargo. Quería lograr que Honduras deje de funcionar como país-apéndice de los intereses yanquis y como base militar para sus tareas sanguinarias. Pero es muy difícil revertir una subordinación que data de años y más si esta cuenta con el apoyo de la elite local.
El problema de la dependencia ante el Imperio yanqui, es algo que ya plasmaba Simón Bolívar en el año 1829: “los Estados Unidos parecen destinados a plagar la América de miserias en nombre de la libertad” y aún esas palabras continúan resonando, y parecen adaptarse cada vez más a la realidad de Latinoamérica.  

 
 
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Discurso del presidente Manuel Zelaya en la sede de las Naciones Unidas, el 30 de junio 2009. Disponible en: http:/www.tu.tv/videos/honduras-64-golpe-de-estado-discurso-del

Bibliografía utilizada:
- Ernesto Jorge Tenembaum: Movimientos Populares en la historia de nuestra América. Buenos Aires, Sudamericana, 2006.
- James Petras y Morris Morley: América Latina: pobreza de la democracia y democracia de la pobreza. Rosario, Homo Sapiens, 1995.
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Hugo Quiroga y César Tcach: Argentina 1976-2006. Entre la sombra de la dictadura y el futuro de la democracia. Rosario, Homo Sapiens, 2006.


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